domingo, 28 de junio de 2009

Fumadores



De que vale que tu mente se aclare si mis pulmones se oscurecen, es penoso ver como corres por un cigarrillo, en ocasiones no lo terminas para desecharlo y encender otro, en ocasiones te quemas los dedos, y me cabreas, me cabreas porque fumas, me cabreas porque indirectamente me haces fumar también, me cabreas porque quedo oliendo a indio después de un fax, y me cabreas porque me veo obligado a sacarlo de mi sistema y lo hago escribiendo, y me cabreas porque me gusta escribir cosas alegres o pseudocómicas…



Y sí, es verdad, es tu vida, son tus pulmones, pero también son los pulmones que le llevan la comida a tu hijo y a tu esposa, son los pulmones del hermano que alguna vez tuve, de que vale que te sientas calmado si tu familia solo ve tus crisis y como tiemblas cuando no tienes un cigarrillo entre las manos, y me das lástima, porque jodiste tu vida y la de tu esposa, me das lástima porque eres tan débil que debes esconderte en un cilindro de papel lleno de veneno, me das lástima porque eres demasiado maricón (ojo que no te digo homosexual, si te lo dijera estaría refiriéndome mal a los homosexuales) para pegarte un tiro, lanzarte debajo de un camión o para hacer algo que te mate de contado y no con tus míseras cuotas diarias arrastrando a todos los que te rodean.



De que vale que tengas un vehículo nuevo y una billetera llena, que presumas de galán y niegues a tu mujer y a tu hijo si cuando te acercas a una chica hueles a cenicero, y me avergüenzas, me avergüenzo que me vean con alguien tan débil, me avergüenzo del olor que tu vicio deja en mi ropa, me avergüenzo de que sepas todas las consecuencias y te hagas el desentendido, nada hay tan feliz como el espacio de un cerebro lleno de humo, pero no comparto tu felicidad vacía mientras esperas la factura, lo único ahumado que soporto cerca mío es un salmón y siempre y cuando le pongan una ensalada fresca y un buen vino blanco.



Jamás podrás decir que no se te apoyó, y no seré yo quien baje la cabeza cuando nos encontremos, y debo pedirte de favor que si hueles a humo no intentes ni saludarme, me conoces…no soy un ángel del señor, no esperes perdón y redención por hacer sufrir a tantas personas por causa de tu estupidez, permite que te recuerde como el amigo centrado y consiente que se quería comer el mundo, y no como la chimenea autodestructiva en la que te has convertido.


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